Para hablar de
género fantástico hay que hablar de dos características imprescindibles.
Una de ellas se llama vacilación:
los fantástico se mueve en ele espacio de la incertidumbre, si ante una duda
que nos presenta la trama tomamos una respuesta ya no estamos en lo fantástico
sino en lo extraño o maravilloso. La fe
absoluta o la incredulidad absoluta no pertenecen al mundo d e lo fantástico La
vacilación se puede dar en el personaje o en el lector o en ambos. En el
personaje se presenta como una duda sobre lo que pasa, y este hace vacilar con
el al lector. Se da una integración del lector al mundo de los personajes que
genera una percepción ambigua de los hechos sobrenaturales. Podemos decir,
incluso, que la primer condición de lo fantástico es una vacilación del lector
que a veces puede estar representada en la obra (por algún personaje en la
mayoría de los caso). En esa duda se hace manifiesta una ambigüedad, se vacila
entre lo real y lo imaginario, presentándose dos soluciones posibles; y entre
ellos se ubica lo fantástico siempre y cuando no elijamos ninguno de esos dos
caminos.
La vacilación puede ser incluso
el tema de la obra.
Podemos distinguir entre una
vacilación entre lo real y lo ilusorio (basada en la percepción) y otra
vacilación entre lo real y lo imaginario (como fruto de la imaginación).
La otra característica es la irrupción
del misterio en la vida cotidiana de forma brutal. Es una ruptura del orden
conocido; algo inaceptable entra en el terreno d e la inalterable legalidad
cotidiana. Vamos a ver a hombres comunes como nosotros ubicados de golpe ante
lo inexplicable.
Lo fantástico implica también una
manera de leer ya que la historia nunca debe ser leída como alegoría o
como poesía porque esto dejaría sin efecto la percepción ambigua de la misma.
Lo fantástico sería entonces
como la línea divisoria entre lo real y lo maravilloso. No es una sustancia de
la historia que se cuenta sino un efecto que dicha historia provoca en los
lectores o desde cierto punto de vista en los personajes que representan al
lector dentro de la historia.
Condiciones
- Vacilación entre lo real y lo imaginario.
Esto se pone en juego en el aspecto verbal del texto, por ejemplo: las
visiones.
- Identificación del personaje y del lector.
Esto se pone en juego en aspecto sintáctico a través de ciertas unidades
formales que generan reacciones. Por otro lado, también aparece en el
aspecto semántico ya que esta identificación es uno de los aspectos de la
obra.
- Elección de los niveles de lectura.
FALENCIAS
DE OTRAS DEFINICIONES SEGÚN TODOROV
Según la definición del diccionario un texto
fantástico es aquel donde intervienen seres sobrenaturales. Esto no es así, ya
que lo sobrenatural es en sí una categoría literaria.
También critica la definición
basada en el lector real. Lovercraft decía que lo fantástico se caracterizaba
por una experiencia del miedo. Esto no podría ser así ya que entonces el género
se basaría en la sangre fría del lector.
Otra lectura que Todorov
critica es la que considera lo fantástico como un fenómeno surgido de la
inspiración del autor; como así también a la que se basa en la exploración
psicológica.
ALGUNOS
PROCEDIMIENTOS QUE AYUDAN A LA
VACILACIÓN
- Uso del tiempo en aspecto imperfecto. Esto
introduce una distancia entre el narrador y el personaje, lo cual evita
dar una certeza absoluta sobre los hechos. Por ejemplo el verbo amaba no
especifica cuando, durante cuanto tiempo, ni en qué condiciones el sujeto
amaba al objeto.
- Modalización. Se utilizan locuciones
introductorias que sin cambiar el sentido de la frase modifican la
relación entre el sujeto de la enunciación y lo enunciados. Esto garantiza
una incertidumbre sobre la información que contiene dichos enunciados.
Ejemplo: tal vez, me pareció, tenía idea, me sentía… Sin ella estaríamos
en el mundo de lo maravilloso, los moralizadores nos mantienen en entre
los dos mundos.
PROPIEDADES
QUE HACEN A LA UNIDAD ESTRUCTURAL
DE LA OBRA
Existe un uso particular del discurso figurado. Lo
sobrenatural surge a veces de ciertas imágenes figuradas (los seres
extraordinarios). Lo sobrenatural es una prolongación de la figura retórica: la
exageración conduce a lo sobrenatural. Es necesario no confundir la verdad con
la representación.
Otro recurso es usar en sentido
propio una expresión figurada. Un tercer caso es cuando la figura y lo
sobrenatural están copresentes y su relación es funcional como las expresiones
figuradas que preceden al acontecimiento fantástico. Esta expresión suele estar
precedida por una forma moralizante.
Lo sobrenatural nace del
lenguaje y es a la vez su consecuencia y su prueba.
También es importante la
elección del narrador. el tema de la
verdad no es inherente a la literatura. En el texto no se desarrolla una
relación entre las palabras y las cosas porque la literatura es solo palabras
no hay cosas. No hay que confundir verdad con representación. Lo que sí debe
haber es un coherencia interna, no se juzga la verdad que dice el autor, pero
sí la que dicen los personajes.
Desde este punto de vista el
narrador más conveniente a la literatura fantástica es la primera persona
protagonista. La palabra de los personajes puede ser verdadera o falsa y es más
problemática para el lector en el caso de este narrador personaje (si bien no
se espera que el narrador mienta si se puede esperar esto de los personajes).
Si un hecho sobrenatural nos es
contado por un narrador no representado estaríamos en el mundo de lo
maravilloso ya que no dudaríamos de lo que dice y lo sobrenatural estaría
naturalizado. En los cuentos maravillosos rara vez se usa la primera persona.
El narrador en primera persona
garantiza la identificación con el lector, será un hombre medio con el que
cualquier lector pueda sentirse solidario. Esto no es un efecto psicológico
sino que es un mecanismo estructural del texto que desarrolla dos funciones: la
identificación y la autentificación. Nunca se duda del testimonio del narrador
sino que buscamos con el una explicación racional para los hechos.
Hay diferentes grados de
confianza con el narrador en el caso de la primera persona se trata más del
discurso del personaje que del discurso del narrador, por eso la palabra es
objeto de desconfianza. Así se da una confianza paradójica porque a la vez es
el discurso del narrador y no aceptamos que nos mienta, pero puede ser porque
es un personaje. Esta confianza paradójica se traduce en un efecto: vacilación.
Un tercer rasgo tiene que ver
con el aspecto sintáctico.
Vemos esto en la importancia de
la estructura o composición del texto. Poe ya lo había delineado diciendo que
el cuento se caracterizaba por un efecto único ubicado al final de la historia,
y por la obligación de que todos los elementos de su estructura lleven hacia
allí y contribuyan a realzar dicho efecto. Los detalles suelen prepararnos para
esos acontecimientos formando generalmente una gradación.
Lo fantástico contiene
indicaciones sobre el papel del lector y esto depende del proceso de
enunciación tal como aparece en el interior mismo del texto, también hay
indicaciones relativas al tiempo de la percepción: ese tiempo es irreversible
por convención y tiene una indicación implícita: leer desde el principio hasta
el final. Lo fantástico acusa esa convención más que otros géneros. Si se
conoce por anticipado el final queda falseado el juego ya que no se puede
seguir el proceso de identificación. Una primera y una segunda lectura dan
impresiones diferentes; en la segunda la identificación ya no es posible y se
convierte en una meta lectura que tiende a señalar los procedimientos de lo
fantástico. Esto se da más en la novela policial, lo marca aún más porque hay
que descubrir una verdad. La sorpresa es un caso particular de la temporalidad
irreversible.
Otro rasgo es el que se detiene
en el análisis semántico. Si es que definimos lo fantástico como una percepción
especial de los acontecimientos nos vamos a detener en el análisis de esos
acontecimientos principalmente si son dichos por personajes.
Consideramos elemento
sintáctico al que tiene una relación de contigüidad con otro y elemento
semántico al que comparamos con otro semejante u opuesto.
Para que halla fantástico tiene
que haber hecho fantástico aunque lo fantástico no consista en eso.
Las funciones de lo fantástico
serían, sintéticamente, producir un efecto en el lector, servir a la narración
manteniendo el suspenso con una organización ceñida a la intriga y describir el
universo fantástico. Estás funciones del género responden así a las tres
funciones de los signos: la pragmática, que define la relación de los signos
con quienes las usan; la sintáctica, que define la relación de los signos entre
sí; y la semántica que define la relación con aquello que designa.
No hay que tomar los temas de
lo fantástico como cualitativamente iguales a los de la literatura en general
ya que hay una experiencia de los límites. Esto es, no hay que reducir la
literatura ni como pura forma ni como puro contenido. Esta división debe ser
superada, justamente la estructura debe considerar la obra como totalidad y
como unidad dinámica.
El estudio de los temas no es
la interpretación crítica de la obra. Esta es una estructura que puede definir
infinidad de interpretaciones que dependen del contexto de enunciación. Lo que
importa es esa estructura hueca que se interpreta describiéndola como una
configuración.
Hay una crítica sensualista que
le da valor a todos los temas que tienen que ver con las sensaciones. Sería
como una paráfrasis de la obra, un listado de imágenes no un análisis.
Las dos son formas de crítica
narrativa.
La obra debe ser considerada
como el lugar donde nace un sentido que solo existe en ella. Si fuera solo la
traducción de un pensamiento sería considerarla un medio, darle un rol
secundario.
Los temas deben ser categorías
abstractas, si la obra es una estructura coherente donde cada tema se articula
en relación a los demás temas se debe analizar conforme a eso. Tratándose de lo
fantástico hay que precaverse para que no recaiga toda la tensión sobre la
reacción y se olvide la acción (objeto). Hay que pensar en grupos de temas a
partir de compatibilidades e incompatibilidades y luego interpretar esos grupos
y categorías.
UNIDADES
TEMÁTICAS
Los temas del
tú
Están asociados a la sexualidad al conocimiento de lo
carnal. Se presenta una elección entre la satisfacción de los deseos exteriores
y la de los deseos interiores ya que la elección de todos llevaría a la locura.
Se considera a lo sexual como lo más esencial de la vida y la sexualidad
alcanzará potencias insospechadas y ejercerá sobre el héroe una influencia
excepcional.
Este desarrollo temático tiene
una estrecha relación con la experiencia de los límites de lo sobrenatural, por
eso el deseo se encarna en figuras sobrenaturales como el diablo y presenta
oposiciones claramente cargadas de un sentido moral como el sacerdote, la madre
y la cruz.
Existen transformaciones del
deseo que pertenecen a lo “extraño social”: el incesto, la homosexualidad, el
amor grupal, el sadismo (como crueldad pura) y la muerte. La violencia ocurre
en el lenguaje consiste en la articulación de frases y no en una sucesión de
actos efectivos.
Es también importante la
relación de equivalencia o contigüidad entre el deseo y la muerte. Un ejemplo
es la necrofilia, presente en las historias de vampiros y de relaciones entre
humanos y muertos. Esta relación puede o no recibir valoración negativa.
El amor sexual intenso puede
ser alabado o condenado. Las formas sobrenaturales pueden intervenir para
ayudarlo a cumplirse.
Hay una red de relaciones entre
el hombre y su deseo o su inconsciente, donde el punto de partida es siempre el
deseo sexual. La posesión del hombre por sus instintos, plantea el tema de su
personalidad, hay una posición activa frente al mundo.
Los tema de la mirada pasaron a
ser temas del discurso ya que el lenguaje es la forma por excelencia y el
agente estructurante de la relación del hombre con su prójimo.
Lo sobrenatural nos da la
medida de los deseos sexuales poderosos y nos introduce en la vida después de
la muerte. En lo “socialmente extraño” aparece la crueldad y la perversión como
canal.
Los temas del
yo
Tienen una relación análoga con el universo de los
niños, de los psicóticos y de las drogas: presentan una ruptura del límite
entre lo físico y lo psíquico. Falta la distinción entre el espíritu y la
materia, entre el objeto y el sujeto; hay una concepción preintelectual del
espacio, la causalidad y el tiempo (concepción desarticulada y dúctil).
Nos sumergimos en un mundo sin
lenguaje de la misma manera que la droga niega la verbalización, el niño hace
su pasaje a la madurez con la llegada del lenguaje y el lenguaje del psicótico
es privado, el lenguaje es el medio para separarse del mundo.
El otro no tiene existencia
autónoma. En lo sexual, por ejemplo, el bebé presenta un deseo autoerótico y en
el adicto está sublimado; en uno no tiene objeto exterior y en el otro el
objeto es todo el mundo.
En
este plano los temas del tú pueden ser comparados con la neurosis: hay un papel
decisivo de la sexualidad y sus variaciones. Los actos excesivos ligados al
deseo sexual se parecen a los generados a la represión en la histeria.
Desde el punto de vista
psicoanalítico los temas del yo corresponden al sistema percepción-conciencia.
Y los temas del tu al sistema de las pulsiones inconcientes, que es donde se
desarrolla la relación.
También es posible encontrar
una analogía entre ciertas estructuras sociales y políticas y las dos redes
temáticas.
Otra analogía posible es la que
hay en la relación entre magia y religión y la que hay entre temas del tu y del
yo. Y también los temas de la mirada y el discurso. Los temas de la mirada
abarcan la posibilidad de quebrar el límite entre el sentido propio y el
figurado, y los temas del tu se forman a partir de la relación que entablan los
interlocutores en el discurso.
Los temas del yo representan el
aislamiento relativo del hombre en relación con el mundo que el construyen, con
el acento puesto en este enfrentamiento sin que sea necesario presentar un
intermediario. En cambio, los temas del tu remiten a este intermediario. El yo
puede estar presente en tu, pero no al revés. Ambos designan a los
participantes del acto del discurso, el que enuncia y aquel al que se dirige.
Pero las categorías del yo y el tu son a la vez abstractas y siguen siendo
interiores al lenguaje. Esta es la gran paradoja de la literatura: está
constituida por palabras, pero que significan más que las palabras, es verbal y
transversal a la vez.
FANTÁSTICO
El romanticismo favorece la aparición de lo
fantástico. Como se oponía a la cultura clásica donde predomina la norma, la
razón y el equilibrio, impone la imaginación sobre la razón, la emoción sobre
la lógica y la intuición sobre la ciencia. Con la literatura gótica del SXVIII
se produce la irrupción de lo irracional y de los espacios lúgubres. Su germen
está en los relatos maravillosos con seres fabulosos que fueron rescatados
durante el romanticismo y circunscriptos a la vida cotidiana, quizá como
oposición al triunfo de la razón al que se le escapaban lo amenazante, lo
oculto, lo inexplicable, la locura, lo demoníaco. El castillo de Otranto de Walpole de 1764 es considerado el primer
relato fantástico moderno. Abundan tumbas, castillos medievales, habitaciones
cerradas, etc.
El gótico tuvo éxito hasta
principios del SXIX; luego, al agotarse los temas, se reelaboraron para dar en
el siglo XIX una serie de obras inolvidables (Stoker, Shelley, Stevenson, Poe,
Hoffman).
Se da una oposición entre lo
fantástico y lo realista por un lado y lo fantástico y lo maravilloso por otro.
Lo realista reproduce o es copia fiel de la realidad, en cambio lo maravilloso
está poblado de prodigios, objetos mágicos, criaturas maravillosas. En ambos casos
el narrador suele ser en tercera persona y omnisciente y por eso no se
cuestiona lo que dice, y se naturaliza ese mundo. El narrador del fantástico
suele ser personaje para de esa manera condicionar su relato. Otro caso, es la
primera persona o la tercera persona focalizada ya que allí también el relato
aparece relativizado.
Temas de lo
fantástico
- El doble: es fundamental sobre todo en el
siglo XIX, nos presenta un desdoblamiento que implica la idea de lo bueno
y lo malo. Actualmente se los ve como fuerzas interiores que conviven en
el individuo y motorizan un deseo de re-unirse con un centro perdido de lo
personal.
- La mirada
- La ficción dentro de la ficción
- El regreso de los muertos
- Alucinaciones, sueños
- Pactos, transformaciones y hechizos
- Alteraciones temporo-espaciales.
Todorov dice que el efecto
fantástico se produce por una percepción ambigua de acontecimientos insólitos.
La zona de duda entre la interpretación sobrenatural y la realista es la zona
donde se mueve lo fantástico. Las condiciones que según el se deben dar para
que haga su aparición lo fantástico es la representación de un mundo que debe
ser presentado como cotidiano y que el texto no sea ni poético ni alegórico. La
poesía porque carece de aptitudes para la representación (mimesis) y todo texto
poético es leído como una pura combinación semántica, se privilegia el
enunciado y la alegoría porque despliega sentidos figurados que impiden que los
acontecimientos se interpreten tal como se presentan.
Ana María Barrenechea define la
literatura fantástica como aquella que presenta en forma de problema hechos
anormales en contraste con hechos normales. Según ella, la oposición entre
literatura fantástica y poesía es refutada debido a que no siempre la poesía ha
sido no representativa. Lo mismo para la oposición entre lo fantástico y lo
alegórico ya que actualmente, existe la tendencia a usar lo fantástico para el
nivel literal de las obras y a dejar poco explícita la función alegórica. Ella
habla de dos nuevas oposiciones: una entre la literatura representativa (a la
cual adhiere lo fantástico) y la literatura no representativa; y otra entre la
literatura solo de significado literal (fantástico) y la literatura que permite
también un significado trópico.
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